Una Torre con vistas

Levantada sobre las cenizas de la industria, la venta de la torre Agbar consagra la opción de Barcelona por el turismo

La historia, la de la economía, nunca avanza en línea recta. Da rodeos, divaga, acaba muchas veces allí donde nadie imaginó. Los grandes edificios son un buen reflejo de ello. Las sociedades los construyen lo más altos posible para dejar claro que son ricas y poderosas. Las ciudades emergentes, las que tienen dinero, se llenan de edificios singulares.

Barcelona tuvo su edad dorada en los años que siguieron a los fastos (mesurados) del 92. Fue la ciudad de los arquitectos y de los alcaldes embelesados. También la de los grandes ejecutivos -los de las empresas participadas por La Caixa-, que quisieron pasar a la posteridad. La Torre Agbar, construida en el 2005 por el arquitecto Jean Nouvel, es de lo más destacable de aquella cosecha. Abría la puerta a la expansión de la ciudad hacia el 22@, el distrito del conocimiento. Glorificaba el triunfo de la economía de servicios, pero todavía tenía un pie en el pasado industrial.

Si uno se perdía en sus plantas, las dificultades para disfrutar del paisaje -debido a la particular solución arquitectónica de su interior- validaban el viejo mensaje de los patronos: usted está aquí para producir.

La venta de la torre Agbar al grupo hotelero Hyatt acaba con esas dudas. Lanza un mensaje que refuerza la opción turística de la ciudad. Tanto turismo podrá parecer exagerado, un camino no deseado. Pero es lo que es. Agbar vende Hyatt porque hay apetito hotelero por Barcelona. Porque la ciudad ha sabido proyectarse al exterior. Si quieren lamentarse de ello, busquen un contraste y miren hacia Madrid y a su actual desconcierto.

En plena crisis del modelo de crecimiento hay discusiones sobre la sostenibilidad de un modelo económico de bajo coste del que el turismo es la columna vertebral. Un capitalismo capaz de crear muchos puestos de trabajo mal pagados que son cubiertos por la inmigración pero incapaz de crear empleos para la clase media autóctona. Es lo que advierte el economista Miquel Puig.
Pero hay aproximaciones más pragmáticas. Como la del economista Enric Llarch, que ha señalado que lo que hay que hacer es aprender a gestionar mejor ese maná. Y en cualquier caso, como ha apuntado Modest Guinjoan (también en estas páginas), la reindustrialización no vendrá del regreso de la manufactura, sino de un nuevo paradigma que está por descubrir.

Pero seamos optimistas. Imaginemos que Barcelona va camino de parecerse a San Francisco. Para conseguirlo, empecemos a gestionar algo mejor ese turismo (a tratarlo un poquito mejor, por cierto). Nos faltará algo más, desde luego. Nos faltarán unas cuantas empresas tipo Google en los alrededores. Visto que el 22@ puede acabar pasto de las hordas turísticas, pensemos en reinventar el Vallès. Saben un rato de eso….

Todo eso son futuribles. Pero lo de la Torre Agbar no. La Torre será un hotel. Y esto parece que ya no lo va a cambiar nadie.

(Publicado en La Vanguardia el 16 de noviembre de 2013)

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