Lo que dijo Willie

El capitalismo español, visto con los ojos de Willie Walsh, un irlandés despiadado

 

Michael O’Leary,consejero delegado de Ryanair, está orgulloso de aparecer como uno de los ejecutivos más despiadados del capitalismo aéreo. Si por él fuera, obligaría a los viajeros a ir de pie. Y, de hecho, ha convertido la experiencia de volar en algo menor y, a menudo, desagradable. Pero el mundo es el que es. Y cada vez que hago comentarios como ese, mi hija de veinte años se planta y dice: “Quieres dejar de decir tonterías? ¡Yo lo que quiero es viajar!”.

Willie Walsh también es irlandés. De la misma escuela de O’Leary, con quien cena de vez en cuando (habría que saber qué).
Willie Walsh, el consejero delegado de IAG -la empresa de la que dependen British Airways e Iberia- empezó de piloto e hizo carrera en la turbulenta Gran Bretaña de los años post-Margaret Thatcher. Walsh fue sindicalista, pero se especializó en reventar huelgas. Después cogió British Airways, una vieja dama tocada por la ineficiencia, y la convirtió en una máquina de hacer dinero.

Esta semana, harto de que acusaran a Iberia de todos los males de Madrid y Barajas, Walsh contestó que el problema es Madrid, no Iberia; que “yo no trabajo para los poliíicos, sino para los accionistas”. Y que no entendía por qué hablaban y hablaban tanto…

Con eso, Willie decía que el capitalismo que practica es poco social, que su compromiso con lo que le rodea es mínimo. Pero también estaba desnudando -como el rey del cuento- a la clase política española al poner en evidencia las dificultades de un determinado capitalismo -dejémoslo en castizo- para adaptarse a la ley de los mercados. Ese capitalismo en el que la lógica del mercado se envenena siempre por el proyecto político. El de la candidatura olímpica fallida por no se sabe qué conspiración. El mismo que lleva a decir a la alcaldesa de Madrid que (su) crisis pide “una reflexión y un esfuerzo nacional porque es el aeropuerto de todos”.

Después Walsh dijo aquello de Vueling. Dijo que la empresa se quedaría en Barcelona aunque Catalunya quedara fuera de la Unión Europea. Lo más seguro es que Walsh ni siquiera lo haya consultado con sus abogados. Pero era una manera de decir: “¡Eh, basta, yo me dedico a los negocios, no me mareen con tanta política!”. Curiosamente, la Catalunya que hizo la cadena, la que sueña con viajar a Ítaca, la que se tiene por una de las sociedades más progresistas de Europa, recibía la primera palmadita de un individuo como Willie Walsh.

Porque la última lectura de lo que dijo el irlandés es esta: estamos en un mundo maduro, global, donde todo el mundo nos mira. Y en este mundo los problemas no se arreglan con un “eso no toca” o con la amenaza del apocalipsis. Para resolver los problemas, se tiene que convencer. Y eso no sólo es necesario para resolver el conflicto entre Catalunya y España . También lo es para la propia supervivencia de España en el mundo.

(Publicado en La Vanguardia el 28 de septiembre de 2013)

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