En la casilla de salida

Se acerca el fin del verano y ya se puede decir: estamos donde estábamos.

Algo más bronceados, algo más pobres, algo más viejos. Pero exactamente donde estábamos. En la casilla de salida. La recesión ha pasado pero nos ha dejado una economía estancada. Y unos cuantos millones de parados más. El FMI dijo hace unos días que lo que ahora hace falta es reducir un 10% los salarios. Como la economía no crece, bajemos todavía más los salarios y conseguiremos que -por ciencia infusa- los empresarios contraten más. Es una idea atractiva, tiene gancho porque es simple de entender. Pero no suele funcionar. Y nos puede volver a hundir en la recesión. Demasiado para una sociedad que roza la desestructuración.

Es difícil no sentir cierta sensación de impotencia ante la propuesta. ¿ España no avanza a pesar de nuestras recetas? Lo sentimos mucho, pero no hay otra política. ¿ Grecia no sale del agujero? Pues preparemos un tercer rescate, dicen los alemanes y el presidente del Eurogrupo . Hay un consenso abrumador en el mundo económico sobre los límites de las políticas de austeridad. La situación en la Europa del sur, dicen, no es sostenible por mucho tiempo y amenaza las bases de la convivencia y la democracia. Pero las políticas económicas no cambian.

Lo más relevante de esta propuesta es que al recomendar bajar los salarios, el FMI nos dice cómo nos ven. Como una economía de segunda, que sólo sabe hacer casas baratas, carreteras caras y productos a bajo precio. De vez en cuando, también, algún futbolista o algún cocinero, porque a alegres y guapos no nos gana nadie… Pero ningún producto de vanguardia (o pocos) de esos que deban inquietarles. Por eso la propuesta incomoda tanto. Porque lo que dice es que no se fían de nosotros como economía de primera. Ustedes, vienen a decir, a hacer productos baratos y a entretenernos.

Agosto acaba con cifras turísticas estratosféricas y con las exportaciones bien alineadas. Pero ni el turismo dará trabajo a la gente que ha salido de las universidades los últimos años (excepto que acepten trabajar en aquello que no imaginaban) ni el milagro exportador suscita grandes reflexiones en las autoridades. ¿Porque no contratan más a los empresarios? Porque no tienen mercado. Y porque aunque se ponga el acento en los costes laborales, lo cierto es que las condiciones financieras y los costes de la energía siguen siendo imposibles. ¿O no saben que la resurrección industrial americana es fruto de una energía barata? Dando prioridad a la industria, probablemente la recuperación sea más lenta, pero cada empleo que se cree será más resistente al vendaval de la próxima crisis, lo que no ocurre con los empleos del turismo y la construcción. De paso, cumpliremos con la promesa implícita en la que ha vivido mi generación: que esta era una sociedad moderna y de Europa. Estamos donde estábamos. Ahora sólo tenemos que saber cómo crecer.

Destacado: Se ha acabado la recesión, pero esta es todavía una economía atascada, sin una estrategia para crecer

 

 

 

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